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Hay estrellas incompletas en el cielo oscuro: están mutiladas de deseos, pero han decidido seguir iluminando viejas esperanzas, son faros destruidos por una guerra que nunca fue de nadie, o que sólo fue la mía. Una luna menguante, bandera de rendición, proclama la derrota. Es entonces cuando empiezo a escribir las crónicas que nunca han de ver la luz en el bando vencedor, ese bando que apenas conozco y que me apartará para siempre del resto del mundo.
Aquí comienza el reinado de la Locura, contra la que luché encarecidamente durante incontables años oníricos y apenas una noche en el tiempo real. Y en estos últimos instantes que me quedan antes de dejar mi mundo (mi cuerpo y mi mente, en realidad) a su cargo, os quiero contar mi historia.
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