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Me quedé largo rato mirando al mar, deseando hundirme en él y no volver nunca más. Nadar hasta que las corrientes me arrastraran, tal vez hasta una isla o hasta cualquier costa del Atlántico. Entonces, oí un grito, alguien grita mi nombre, instándome a volver a casa. Doy media vuelta y vuelvo lentamente a aquel lugar que llaman mi casa, dejando mis huellas atrás, sobre la blanca arena.
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