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Llegué a los cuarenta. ¿Alegría? que se yo.
Como los últimos veinte años, espero a mi mejor amiga Andrea, para salir a cenar, y como en los últimos veinte años, ya son las nueve y demora.
Me sirvo un trago y me paro frente al espejo para terminar de arreglarme, ¡como ha pasado la vida!
No me veo vieja, pero las experiencias de la vida marcaron mi rostro.
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