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Se presento muy temprano en la mañana, con la cara pálida y sus crujientes huesos, produciéndome escalofríos. Yo, al pie de la cama, no tuve miedo, esperaba su llegada desde hace mucho. En un principio le fui claro, -Llévame de noche - dije, -aún tengo asuntos pendientes de realizar. Pero, ¿Que asuntos tiene que arreglar alguien como yo?, ni yo mismo lo sabia. La muerte, aun en silencio, dio la vuelta; comprendí que había aprobado mi petición.
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