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Las olas limpiaban bruscamente mis lagrimas, toda una vida a mis espaldas, y la muerte me acariciaba con las yemas de los dedos; intente buscar algún por que jamás encontré, todo lo que me rodeaba, cada gesto, cada palabra, cada situación o cada momento me hacia recordar que no estaba echa para este mundo, que era, tan solo, un renglón torcido de Dios.
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