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Como una explosión de cobre liquido, sus cabellos se fundían con las rocas.
Su mirada fugitiva, siempre alerta mientras, entre risas corría velozmente –no se como- de una roca a otra.
Tras su dorada piel, una mirada, dos azabaches tan penetrantes como las profundidades marinas; sus labios eran corales encendidos y su voz...
Desperté con un fuerte dolor de cabeza y un intenso sabor a mar en la boca. Estaba en la orilla, con mi traje de lino, estaba mojado y perplejo por las miradas atónitas de bañistas y veraneantes, mi esposa, lloraba a mi lado, dándole gracias a noséquien..... me llevaron hasta una hamaca.
Entre las rocas, las olas juegan; extrañas figuras se dibujan en el paisaje, una mirada me observa desde allí...
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