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La joven revolvió la infusión con desinterés, bajo la agradable semioscuridad que ofrecía la apartada mesa del caro café ovetense. La mujer aspiro los suaves aromas emanados por la taza de porcelana, no pensaba ni tan quisiera probarla, pero disfrutaba del fino olor a hierba buena que desprendía su te marroquí. Sintió la presencia de alguien como ella en el local, pero no se inmuto en absoluto, si no que cogió el periódico que descasaba sobre la mesa y lo ojeo sin mucho afán, el mundo estaba envuelto en guerra y muerte, si a ella le interesara el destino del mundo estaría preocupada, paso pagina, suerte que en absoluta le interesaba. La joven noto como alguien se sentaba en el sillón que había frente a ella, sabia perfectamente de quien se trataba, pudo sentir que cada camarero que se acercaba a la mesa se marchaba apresuradamente sin mediar palabra, paso pagina de nuevo. Como no, el que se había sentado ante ella, estaba espantando a los metres con un vistazo de sus mortalmente claros y fríos ojos.
_Yarael.
Advirtió la mujer zanjando así la diversión del hombre.
Ella dejo el periódico a un lado y le asesto una severa mirada con sus dorados ojos. Justo enfrente de la mujer había un hombre de indescifrable edad, con el rostro pálido, el pelo y la fina perilla, que le recorría desde el labio inferior en un estrecha franja hasta el mentón, negros, los ojos terroríficamente plateados, vestido de oscuro en su totalidad y con una irónica sonrisa en los finos labios.
_ ¿Si, Angela?
La joven volvió su interés de nuevo hacia el diario mientras decía:
_Deja de espantar a los humanos.
Yarael adopto un postura cómoda en el mullido sillón y observo la estancia en que ambos se encontraban , el segundo piso de uno de los cafés mas caros y sofisticados de la capital del Principado.
_ ¿Por que escoges siempre la cafetería mas cara cada vez que quedamos?
Pregunto sarcásticamente el hombre apoyando el codo sobre la mesa. Angela continuo con la vista fija en el mar de letras del periódico.
_ No hemos quedado, ¿a que has venido?
_ Siempre igual Angela, no cambiaras nunca, ¿te acuerdas de nuestra cita en la catedral?
Angela cerro suavemente el diario y lo aparto.
_Por su puesto que si, pero ya es tarde para ser puntual, ¿no?
Pronuncio con calma, mientras se levantaba sin prisa alguna y tomaba su larga gabardina de terciopelo con el cuello cubierto de piel de autentico oso polar.
Yarael bufo con ironía y siguió a su compañera hacia las escaleras que conducían a la salida. Afuera la oscuridad de la noche quedaba iluminada por el sin fin de farolas de la ciudad y la plateada luna quedaba relegada a un segundo plano, observando desde un pequeño rincón que aun no había sido devorado por las gruesas nubes que llenaban la bóveda celeste. Tímidos copos de nieve blanca caían por doquier formando un tapiza por las calles de la urbe.
_ Que hermosa coincidencia que este nevando ahora, ¿no?
Comento Yarael apretándose los gruesos guantes de cuero, sin darle importancia.
Angela se arrebujo en el mullido cuello de su abrigo, con una suficiente sonrisa en sus gruesos y afresados labios. Ambos caminaron calle arriba hacia la plaza de la catedral.
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