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La intención de conocer el contenido del mensaje de su móvil me inquietó, no sería la primera vez que la curiosidad por conocer que más hacía cuando no estaba conmigo, conocer si sus antiguas parejas aún sostenían relaciones con ella, saber hasta que punto "sus amigos" realmente lo eran ó -en el mejor de los casos- "nuestros amigos" le aconsejaban sobre nuestra relación.
Recordé cuando -al apenas conocerla- intercambiamos nuestros primeros mensajes electrónicos, mis agudos conocimientos sobre interceptar paquetes de datos se agudizaron más con la intención de saber quien más quería entablar una relación con esta hermosa dama y -oh sopresa!- eran varios y -curiosamente- a ninguno rechazaba totalmente.
Esa tarde -después de delinquir sobre su derecho a la intimidad- salimos a tomar un café, conversamos de todo un poco y cuando salimos del café, ya estaba lloviendo. Corrimos un poco juntos hacia mi automóvil y ya allí ambos nos quitamos los respectivos y empapados sacos. No supe como interrogarle sobre las otras personas, pero quería saber más al respecto. No había encendido el vehículo cuando su móvil repicó nuevamente -era la tercera vez en dos horas- y prefirió responder.
-Hola!-
-tomando café con un compañero de la oficina-
-si está lloviendo-
-muchas gracias! si me gustaron!-
-hablamos mañana-
-adiós-
Por mi mente circularon varios pensamientos, el primero: Que hermosos se veían sus senos bajo la también mojada blusa blanca (recuerdos también de mi adolescencia en el colegio). El segundo: ¿que voy a hacer? el tercero: creo que ya es tarde.
Pero lo que mis labios pronunciaron fue -¿quien era?-
-¿Conoces a Roberto?- fue su respuesta
-si, le conozco- asentí
-creo que le gusto y hoy me ha enviado un ramo de flores- prosiguió señalando la bolsa de papel que había protegido casi todo el trayecto de la lluvia.
-pero no puedo llevarlas a mi casa, mi esposo me mataría- fue el último remate
-toma, llévaselas a tu esposa- me dijo, mientras me extendía un bonito ramo de rosas rojas.
No supe que decir, lo recibí y cuando lo colocaba en el asiento trasero sentí su mano en mi barbilla y supe que nuestra situación se iba a complicar un poco después de ése día. Seguía sin pensar mientras disfruté de ese primer beso en mi auto y la lluvia seguía cayendo afuera ahora ya más recia.
Y su móvil vuelve a sonar...
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