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De pronto una voz sono tras de mi, una voz segura, diafana, y por encima de todo calida, al pensar que ya jamas escuchare esa voz, una fuerza me oprime el pecho, sin tan si quiera dejarme llorar:
_ Muy temprano te levantas hoy Deva.
Me gire exasperada, sabia quien estaba alli, era el unico que se atrevia a llamarme de ese modo, y el unico que tenia la certeza de poder tratarme confiadamente, él sabia que incluso en aquellos dias, no podia hacerle nada, pese a que no sabia que era mi padre, algo en mi podrido interior me decia que no lo hiciera de forma imperativa; tras de mi enontre el rostro sonriente de un elfo de mediana edad, con el pelo plateado recogido en una coleta, facciones angulosas y ojos azules con brillos morados.
_ Mi nombre es LaValle D'Verant, harias bien en no olvidarlo si deseas seguir con vida, maese Nivenay.
Argumente con un tono frio, muy caracteristico en mi, por aquel entonces.
Nivenay se coloco junto a mi, sin temblar ante la frialdad de la Reina Negra, dudo que alguna vez en su vida haya temblado ante nadie.
_ Deva, ¿no te gustaria salir de aqui, ver que hay mas alla de ese techo cavernoso?
Dijo con un tono extraño, que solia usar muy amenudo pero que yo no sabria definir.
De pronot me descubria a mi misma observando el tehco de forma soñadora, recupere conciencia de lo que hacia, alce la cabeza de rigidamente y mire con desprecio hacia todos lados en general, mientras las palabras salian con fuera imperiosa de ni garganta:
_ Este es mi reino, si alguna vez veo la luz del sol, sera para destruirla por completo.
Ahora me rio de mi propia necedad, y de lo acontecido tiempo despues de que yo pronunciara estas palabras, ojala hubiera escuchado a mi padre, entonces y mucho antes...
Nivenay me sonrio tristemente como solia hacer, me palmeo el hombro y salio de mis aposentos pronunciando estas palabras:
_ Algun dia entenderas, Deva, algun dia, se quelo haras, pequeña...
Entre airadamente en la habitacion, me habia llamado pequeña, eso era demasiado, incluso para el, durante una fraccion de segundo pense en alguna tortura para administrarle, pero entonces me fige en que, encima de la mesa que habia en el medio de la habitacion, descansaba una gran gema irisada, engarzada en un brasero oscuro. Olvidando la conversacion mantenida con Nivenay me sente en un sillon y coloque mis dos manos sobre el pedrusco, concentrda, con los ojos cerrados, sin prefvio aviso la joya empezo a brillar con fuerza,
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