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Alma miró el reloj de reojo, llegaba tarde, hacia un rato que había dejado de escuchar a aquella mujer, y su mirada se perdía hacia el infinito tratando de encontrar la mejor manera de librarse de ella.
Sus ojos regresaron a la cara de la mujer, tan llena de verrugas, que parecía ser objeto de alguna maldición bíblica, y se pregunto que clase de religión sería aquella que enviaba semejante máscara a captar nuevos adeptos.
Tan concentrada estaba en aquella y idea que ni siquiera se dio cuenta de que la mujer había dejado de hablar y le tendía un panfleto.
Léelo sólo si estas interesada, en conocernos mejor.
Gra... gracias- Alma tomo el papel con cierta repugnancia y buscando ya una papelera en la que deshacerse de él.
Pero la mujer ya no le prestaba atención, abordaba a nuevas víctimas a las que largar su interminable perorata.
Sus pasos apresurados la llevaban rápidamente a su destino, tanto tiempo esperado, se preguntó que le diría al verle. Llevaba toda la semana planeando ese momento, y ahora, que por fin había llegado, empezaba a preguntarse y todo aquello había sido una buena idea.
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