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Deva y Donne intercambiaron alguna mirada a expensas de la escolta que les habían propocionado, a la elfa no le gustaba aquello, era demasiado sospechoso, demasiado bueno; el Hechicero queria algo a cambio y seguramente seria peligroso para ella y el muchacho, los jinetes iban rodeandoles sin dirigirles ni tan si quiera una mirada, todos, excepto el capitan, parecian completamente iguales con sus armaduras relucientes y blancas y sus armas prestas. No tardaron en llegar a la alta murala de marmol negro vetado de plata, el cortejo atraveso el gran porton de azabache y se adentro en los cuidados jardines, llenos de lagunas y tejos con el cesped bien cortado y algun macizo de flores de todos los colores. Deva ya habia estado alli antes, y Donne tambien pero a juzgar por como mirada impresionado a la alta torre del Hechicero hecha del mismo material que la muralla, con ventanales altos de nacar repujado. Deva sonrió mirando a su amigo, la ultima vez que él habia estado alli tendria seis años. De pronto el grupo de jinetes se abrio, capitan incluido, dejando un pasillo ante las escalinatas que había ante la gran puerta de entrada, esta estaba abierta de par en par, y por la grandes escaleras bajaba sin prisa y con aire solemne un hombre alto y corpulento de avanzada edad, con pelo y barba, que algun dia habian sido azules, ahora canosos y una chispeante mirada grisacea. Deva se bajó del caballo de un salto e hizo una profunda reverencia, instando a Donne a que la imitara. El anciano sonrio.
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