|
Al llegar allí ya sabía lo que me iba a encontrar... una sala con poca luz, una redonda de sillas todas ellas mirando hacia el interior y gente de pie por la sala sin decir nada, con la cabeza baja y con expresión tímida en las caras.
Se veía que más de uno estaba algo nervioso, con lo que se podía imaginar que habían estado algún día antes de ir a la sesión sin fumar para así poder contestar orgullosos a la pregunta que todos nos esperábamos de… ¿Cuántos días llevas sin fumar?
Llegó el que parecía iba a ser nuestro "guía" en las sesiones. Se sentó en una de las sillas y pidió en voz alta y algo seca, pero muy agradable, que fuéramos tomando asiento para así poder empezar.
Todo el mundo reaccionó pero nadie quería ser el primero en sentarse. Fueron tomando asiento, primero se ocuparon las sillas más lejanas del "guía" hasta quedar muy pocas sillas libres.
Lo miré y pensé... con lo guapo que es, voy a perder la oportunidad de sentarme a su lado... y ni corta ni perezosa me senté a su lado, pensé en mi marido, pero por sentarme al lado de ese ser tan bello, no iba a cometer ningún pecado. Tomé asiento y mi corazón se disparó, como hacía tiempo que no lo hacía.
Por lo visto él se dio cuenta de mi estado de nerviosismo y me preguntó si me encontraba bien. Puso su mano en mi hombro para tranquilizarme y me dijo, tranquila, todos sabemos que es esto de dejar de fumar. Yo me lo miré con cara de tonta y pensé... "si supieras porque estoy nerviosa"...
|