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Juego mortal.
...¿has visto a pablo? –No. Caramba ese muchacho no se donde pasa, todo el día lo he buscado, no ha llegado a casa y los amigos de él ya regresaron del colegio.
Bueno tía, no se preocupe, sin duda se quedo jugando pelota. Si no aparece antes de la cena, yo lo iré a buscar. –Si Dafne, te agradeceré lo vayas a buscar.
Las horas pasaron, un nuevo atardecer caía, los vecinos estaban sacando sus sillas para descansar y conversar un rato a la luz de la luna y los niños corrían de acá para allá. Dafne, pensaba en la promesa que había hecho, eso significaba que hoy no podría escuchar a la luna, y no tendría tampoco la oportunidad de escribir, pero ni modo, su primo no aparecía… Ni modo tenía que cumplir con ir a buscarlo.
Tomó su bolso, una vara –con la cual apartaba las ramas que sobresalían a la vera del camino- y un bote con agua. Empezó a caminar despacio, para sí escuchar los sonidos que provenían del bosque y tratar de percibir alguna vos humana. Los grillos y ranas eran los músicos invitados, y uno que otro insecto incursionaba cerca de sus oídos. Pero ninguna palabra humana cruzaba el aire. Tras mucho caminar llegó a una pequeña colina desde donde podía observar cómodamente lo que sucedía en un área bastante amplia.
Llegó a la cima y oteando el horizonte divisó un grupo de personas, no sabía a ciencia cierta si eran jóvenes o adultos, pero el solo verlos devolvió a su corazón la alegría. Sin duda ahí esta mi sobrino, pensó. Y apresuradamente bajó rumbo a donde estaba el grupo, a medida que se acercaba escuchaba los gritos –dale, dale-, -mira se te va- y eso despertó aún más su ansiedad. Llegó jadeante, con la boca abierta y las venas de su cuello tensas por el esfuerzo realizado. Sus ojos se abrieron desmenuzadamente…. ¿Que diablos era eso? ¿Qué hacían los jóvenes? Vio un cuerpo en el suelo… y muchos pies alzarse y caer sobre él… busco con su mirada a alguien que se pareciera con su primo… lo vio separado del grupo con la camisa desgarrada, con la mirada perdida hacia el horizonte...
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