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Me dijo:
- Hola, ¿eres tú?
- Sí.- Le dije yo.
Y hubo un silencio.
Me volvió a decir:
- Mmm ..., hoy he soñado contigo
- ¿De verás?- Le dije yo.
- Sí.- Silencio. Gotas de agua.- Pero yo no estaba en el sueño.
Y silencio acaparador. Era un silencio poco agradable, era incómodo, era un mal silencio. Yo notaba todos y cada uno de mis pelos de punta, mis veinte uñas adentrándose en la piel, mi dientes saliéndose de las encías. Yo me quería morir, aún sabiendo que esa expresión no me correspondía pensarla, aún sabiendo que sólo dicen eso los que están en situación para decirlo.
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