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En la historia siempre se habla de las víctimas. Cuando hay una guerra se cuentan los muertos, pero nadie habla de esa ingente cantidad de personas que quedan con vida y que tienen que seguir luchando por sobrevivir en ese caos. Lo mismo ocurre cuando a uno le sucede un hecho desgraciado, sólo se habla de ese yo si ha quedado hecho añicos, pero si sobrevive, si sólo sufre las heridas de quien es testigo de una fatalidad.... ¿quién habla de ese yo? ¿Es que ese yo realmente no importa? Eso es algo que me pregunto todos los días y aún no soy capaz de comprender por mi mismo. Por eso hoy quiero con estas líneas, hacer mi particular homenaje a ese yo, que todos tenemos, que es fuerte y sobrevive a cualquier batalla diaria, por pequeña que esta sea, transformándose poco a poco en alguien mejor.
Me gusta fantasear con que uno muere todos los días un poco para revivir cuando sale el sol transformado en alguien mejor, capaz de sobrevivir aprendiendo de los errores de la existencia anterior. Siento la necesidad de creer que una persona es capaz de superar todas las dificultades que la vida le plantea gracias a ese yo casi eterno que resurge de sus cenizas como el Ave Fenix.
Esta mañana mi yo fuerte se ha levantado un poco melancólico. Necesita mirar mucho atrás para poder seguir adelante. Mi yo fuerte, hoy no lo es tanto. Tal vez sea culpa del día de ayer, o tal vez no tenga nada que ver. Y es que mi risueño yo de anoche se tuvo que enfrentar a más cosas de las que era capaz. Porque que difícil es eso de enfrentarse a un pasado que suponemos enterrado, pero que en la primera ocasión que tiene vuelve a ver la luz.... En esos momentos mi yo se resintió, se removió un algo que es difícil de explicar y sentí revolotear mariposas en el estómago...
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