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Título: Asesinatos de escritorio
Estilo: Otras
 
 
Capítulo 1 versión 3
 

Autor: Ekc


Inevitablemente, recordaría el fatídico día de verano, tal cual hizo por los siguientes veinticinco años de su vida, el preciso día en el cual decidió ir de campamento con sus antiguos compañeros de escuela y que coincidió con el día en que perdió su virginidad. El esplendor del sol en la mañana en que anuncia sus primeros rayos veranéales, se encargaría de recordárselo.

Su mamá no la dejaba ir. Las madres siempre serán sobre protectoras le continuaba sugiriendo su mejor amiga Miriam. La amistad de ambas subsistía desde el primer grado, fecha en la cual hicieron crecer sus lazos, a tal punto que, al final del año cada una terminaba las oraciones de la otra. Para ese verano en particular, existía una razón poderosa para asistir al campamento. Sebastián, su eterno enamorado estaría ahí. En cuanto se enteró de la noticia, se propuso convencer a su mamá. A pesar de ser tan perseverante en su ruego, no fue sino hasta dos días antes del día programado para la salida cuando ablandó el corazoncito de su madre. Esta decisión le dio muy poco tiempo para hacer maletas y ponerse de acuerdo con su amiga acerca de lo que debería o no llevar. Fueron de compras, se hicieron a sí mismas los más diversos y extravagantes peinados y se probaron casi toda la cosmetiquera de mamá.

Nunca antes había sentido este cosquilleo semejante con ningún otro chico. De hecho, los niños de su edad por lo general le parecían demasiado sosos e infantiles. Así que cuando conoció a Sebastián, cuatro años mayor que ella, le pareció que lo vivido con anterioridad no parecía ser sino el preámbulo de su encuentro con aquel joven. Delante de él, no era ella misma y estaba convencida que todos alrededor lo notaban, aunque no tenía ninguna prueba de que así fuera. Sin embargo, nada evitaría que buscase algún acercamiento. Se caracterizaba por ser una chica espontánea y abierta, por lo que encontraría alguna excusa para que él comenzara a contarle alguna de sus experiencias como deportista.

Nunca olvidará el olor que impregnaba el ambiente de su habitación. El momento era perfecto y su emoción crecía a medida que los dedos de aquel a quien tantas veces había soñado, rozaban juguetonamente sus cabellos. Perdió la noción de sus sentidos y se dejó abrazar por tranquilidad sublime que inspira la pasión juvenil, cual lago de aguas apacibles en el que dejamos que nuestro cuerpo flote a placer y sucumbimos a la dirección que place en llevarnos. En la cama y abrazados, quería que el tiempo se detuviera por siempre, imaginando nunca poder ser más feliz que aquella tarde, hasta que un espantoso grito la sacó de su letargo. Como pudo se vistió y salió de la cabaña junto a él.

Nadie dio crédito a lo que sus ojos veían en la cabaña vecina. Los más osados, alcanzaron a atravesar la puerta, para ser testigos de uno de los espectáculos más siniestros en la historia del campamento de la escuela. Ahorcada con una cinta de zapato, estaba el cuerpo inerte semidesnudo de Miriam. No quedaba más que señales lejanas de lo que en alguna ocasión fueron sus uñas largas y bien formadas. Los moretones que presentaban su torso y sus piernas eran testigos de la violencia a las que fueron sometidos. En un escritorio cercano se encontró una nota, apetecible del género de terror de antaño, escritas por letras recortadas de papel periódico, decía: “estoy cerca”...

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