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Una chica alta y pelirroja apareció en el umbral de la sala. Era esbelta, blanca y lucía un conjunto de cuero negro que se confundía con la decoración. Detrás de ella apareció un hombre regordete; 10 cm. más baja que ella. Lucía un terno gris que le daba las apariencias del pingüino por la prominente calvicie y por una gran nariz.
Era su apodo en la comisaría aunque a él no le causaba gracia alguna. Luciana, era la más deseada por los policías. Su garbo al caminar y el vaivén de su bien formado trasero alocaban hasta instancias superiores del gobierno. El presidente muchas veces lo hacía parte de su comitiva en los viajes que hacia al exterior. Un jeque árabe había pedido su mano e inclusive quería condonar una deuda por 10 millones de dólares. El presidente se vio en grandes apuros y aunque le preguntó a Luciana si deseaba pertenecer al harem del jeque, esta le dijo que si pagaba la deuda externa total quizás podría sacrificarse por su amada patria. En fin, el presidente tuvo que sacar a Luciana del país de manera clandestina, situación que casi se convierte en una ruptura de relaciones.
Ambos caminaron hacia el gran escritorio que tenían frente a ellos donde Javier esperaba sentado.
- Buenos días - dijo Luciana.
Javier casi salto de su cómodo sillón y se acercó a dar la mano a Luciana. Por un momento quedó prendido de su belleza y que si no hubiera sido por los garraspeos de Mendoza hubiera ignorado completamente su presencia. Mendoza presentó a Luciana y le dijo el motivo de su presencia.
- Sr. Molina, estamos aquí por una denuncia hecha por la madre de la señorita Mariela Quintana.
- ¿qué es lo que le pasó a la madre de Mariela? - pregunta Javier.
- A la madre no, a la hija - respondió Luciana - La madre la encontró en un estado calamitoso en la casa de su propiedad en el Olivar. Según nos dijo la madre. La hija le tiene un miedo tremendo que se negó a denunciarla y ella se tomó la molestia de presentar una denuncia en contra de Ud.
- Un perito encontró huellas en el dormitorio donde sucedieron los hechos - dijo Mendoza.
- Supongo que serán mías - respondió Javier - además recuerden que es mi propiedad por lo que mis huellas deben estar por todos lados.
- Si debe ser - dijo Luciana - Sin embargo se están haciendo pruebas de ADN a algunos restos encontrados, como cabellos, uñas, etc...
- Como le vuelvo a repetir, esa es mi propiedad y cualquier cosa sobre mi debe aparecer. Mariela es una mujer psicótica, está media loca y a lo mejor se hizo eso a propósito con tal de sacarme algún dinero. Además, ¿Hay algún testigo? - dijo mirando a Mendoza.
- No, no hay testigos sr. Molina - respondió Mendoza.
- Lo ve señorita Gutierrez, no hay testigos - dijo esto y se sentó nuevamente en el sillón. - Ah!, por favor siéntense, ¿desean beber algo? - y pidió por el intercomunicador - ¿Un café?.
Mendoza no pudo resistirse - con dos de azúcar por favor -
- Bien, ¿usted señorita?
- No gracias - respondió Luciana miranda la extraña sonrisa de Javier.
Javier puso los brazos sobre el escritorio y dirigiéndose a ambos les dijo - Mi abogado se acercará esta tarde a la comisaría a revisar la denuncia, pero por lo que veo esto será una perdida de tiempo -
La secretaria entro en ese momento con el cafe de Mendoza y pidiendo permiso se lo entrego.
- Sr Molina - dijo Luciana - Me parece que no es la primera vez que recibe una denuncia por estos hechos y me parece extraño que siempre salga libre de estas. ¿Tiene esa costumbre con las mujeres?.
Molina Sonrió ligeramente y mirando fijamente a los ojos de Luciana le dijo - No te tengo esa costumbre y menos si se tratara de una mujer hermosa como Ud. -
Luciana soporto bien la arremetida y respondió - Y si lo hiciera dudo que quedara en pie un minuto -
Mendoza le extendió un sobre a Molina y le indico que tendría que presentarse en el quinto juzgado del distrito para hacer sus descargos. Mendoza apuro su café y dejó la taza en el escritorio. Todos se pusieron de pie y Javier Molina cordialmente los acompañó hasta la puerta de salida.
- Espero volver a verla señorita Gutierrez - dijo sonriendo y apretando delicadamente la mano de Luciana.
- Volveremos a vernos Sr. Molina - respondió Luciana - y espero que la situación sea diferente.
- Será diferente - dijo Mendoza y salieron.
Subieron al ascensor y Mendoza dijo - ¿Porqué siempre tengo que soportar eso?
- ¿Soportar qué? - respondió Luciana.
- Vamos Luciana, ese hombre te quería hacer el amor delante mío.
Luciana deslumbro con su bella sonrisa a Mendoza y este comenzó a reír también.
Ambos salieron del edificio y subieron al viejo chevrolet del 90 de mendoza, un corsa brasileño que se caí por pedazos.
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