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Las luces amarillas de las lámparas daban a la habitación una penumbra tranquilizadora. Los sillones de cuero negro y las paredes pintadas de rojo ladrillo armonizaban en el salón casi oscuro. La sala estaba rodeada de finas pinturas y esculturas. Detrás de un escritorio casi en la oscuridad un cuerpo se perdía en un gran sillón totalmente acolchado. La tranquilidad era abrumadora y solo se escuchaba el siseo de una respiración. Dos timbres del intercomunicador malograron el apacible momento que Javier disfrutaba.
-Don Javier – dijo la telefonista – hay dos policías que preguntan por usted, dicen que quieren hacerles unas preguntas.
-¿preguntas? – respondió medio dormido.
-Si, dicen que es sobre Mariela Quintana.
-Ah! Mariela – una rápida visión le paso por su cerebro y despertó totalmente de sus sueños – Lis, diles que en unos minutos los atiendo.
-Si, Don Javier.
Javier fue al baño y un poco de agua fría en la cara le hizo recordar lo sucedido <> se dijo a si mismo. Se acomodó la camisa, la corbata y una peinada le devolvió su carismático rostro. Se miró al espejo y su cerebro buscó la coartada perfecta. Hacía 5 años que conocía a Mariela. Era una preciosidad cuando llegó buscando trabajo. Convencerla a salir no fue difícil, además él era el jefe y casi todas las chicas suspiraban por él en la empresa. Mariela era delgada, de un cuerpo muy fino y hermosos pechos y trasero. Tenía una cabellera negra, lacia y larga que le caía sobre la espalda. Cuando la entrevistó por primera vez lucía un vestido rojo, del mismo color de las paredes de la habitación. Era como si hubiera adivinado los colores de la sala tanto así que parecía parte de ella.
Todo iba muy bien a pesar de que la relación fue mal vista por los empleados más antiguos. Solo había un detalle. Mariela tenía un enamorado, un enamorado que a los dos meses de haber entrado a trabajar en las Industrias Castillo, le dejó una carta diciéndole que se iba a Estados Unidos. Mariela sintió mucha pena y busco refugio en los brazos de Javier. Tuvieron un hijo, todo iba bien hasta que Mariela encontró una foto en una vieja agenda de Javier que tenía escrito en el reverso una palabra FUÉ. Mariela pidió explicaciones y Javier no se las pudo explicar. Mariela buscó mas información y su familia solo sabía que de un momento a otro había viajado a Estados Unidos, que hacía buen tiempo no sabían nada de él. Hizo más averiguaciones, pidieron ayuda a la embajada de Estados Unidos y de Martín no sabían nada. Ahí empezó el problema.
Javier despertó de su letargo, salió del baño, encendió las luces y por el intercomunicador llamó – Martha, pueden pasar –
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