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y te tocaba y tocaba en el aire lo que decía tu fantasma y los faroles de las dos de la tarde se desdibujaban y hasta la luna llegaba mordida por los perros y en el aire crecía no se qué pensamiento ah no, no hay que dejar las piedras creciendo en los bolsillos como aquella tarde no hay por qué apedrear al sol dijo mi padre y entonces he pensado "ahora voy a heredarle mi nombre voy a ayudarle a buscar una grieta donde destilar sus odios" el silencio colgaba como un anillo no has creído de verdad que las palabras son la ausencia no lo has creído verdad? me has ofrecido tu brazo y en verdad te lo digo y te repito no olvides que me has ofrecido sino el brazo que me falta y este silencio tu sabes una caminaba bajo el sol los cabellos cayéndole en mechas doradas por el sol de septiembre y la ausencia siempre cae desde el rostro más prójimo y se nutre de su propio vacío y crece en nosotras hasta sustituirse por el alma de la ciudad y todo empieza a ser en ese preciso momento todo empieza a ser en cuanto lo que es no es tú lo que es no es siquiera tu sombra y su vestidura y una dice esto no es él aquello no es él esa mirada no es la suya y el mundo empieza a ocurrir como negación de ti todo te niega en cuanto te niega todo existe en cuanto tu no existes luego sólo queda hurgar el amarillo y broncearnos en piedad...
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