|
Sólo un chirrido fue lo que se oyó en el pasillo. La puerta comenzó a abrirse lentamente. Mi corazón empezó a latir con fuerza, retumbaba como tambores en medio de una jungla. Extrañamente las voces que oyera desde la otra habitación habían cesado. La puerta quedó abierta de para en par y, para mi sorpresa, nadie había en el lugar, la habitación estaba completamente vacía. Del interior manaba un olor desagradable, a humedad y en el aire se percibía una rara sensación. Quedé parada bajo el marco da la puerta, de ningún modo pensaba atravesarla, no cometería ese error, presa de algo que en cualquier momento se transformaría en pánico, tomé el picaporte y cerré la puerta de un golpe.
Mi corazón estaba a punto de explotar, con la respiración entrecortada, apoyé mi espalda contra la puerta y reflexioné. ¿Y ahora qué? No podía bajar a recepción y volver a preguntar, definitivamente me tomarían por loca, aunque... ellos debían saber de qué se trataba todo esto, por algo la habitación permanecía cerrada desde hace tantos años, pero si insistía mi vida podía correr riesgo...¿Qué hacer? el sudor empezó a bajar por mi rostro. Tomé una decisión, dejaría las cosas como están, al menos por hoy, trataría de dormir, aclarar las ideas y mañana hacer lo que crea conveniente, de una cosa estaba segura, no dejaría esto sin resolver.
|