|
Cuando subí ya todo estaba tranquilo, decidí olvidarme de todo. Preferí no meterme en problema, o q me tomen como loca.
Días más tarde cuando volví a limpiar la habitación 212, volví a escuchar la misma discusión.
- Luís, tienes que creerme, no he vuelto a ver a Sebastián, de verdad.
- ¡Eres una mentirosa! ¡Ya estoy harto de que me engañes con Sebastián, con Juan o con Fulano! ¿Qué voy a tener que hacer, atarte a la cama?
- ¡No! ¡No me ates otra vez! Por favor, haré lo que pidas.
- Promesas, promesas y más promesas, siempre estás igual sino quieres estar conmigo llamaré a tu madre para decírselo.
- No, a mi madre no, ella tiene que seguir pensando que soy feliz contigo si se entera de lo contrario, me obligará a casarme con Felipe.
- ¿O sea que solo estás conmigo por no estar con Felipe?
- Bueno, yo…
- ¡Te vas a enterar de lo que es bueno!
- ¡Ay! ¡No me pegues, no me pegues, para!
Me acerque a la habitación y se escuchaban los gritos ahí adentro, baje y disimuladamente pregunté si se había alquilado la habitación, pero la respuesta era la misma, no.
Subí desconcertada, ¿que estaba pasando? que podía hacer? Cuando llegué a la habitación todo estaba calmo. Díaz mas tarde volví a escuchar la discusión, pero en vez de bajar me hacer que a la puerta sin hacer ruido, acerque lentamente mis oídos a la puerta, la discusión seguía. Siempre lo mismo... no, a mi madre no,... cuando de repente la puerta se abrió...
|