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Título: La habitación 213
Estilo: Terror
 
 
Capítulo 1 versión 1
 

Autor: guardiana


Seguí limpiando atareada con mis tareas, cambié las sábanas de la cama y para ahuyentar los gritos que seguía oyendo de la habitación 213, me puse a cantar una canción, cada vez más alto.

Al día siguiente volví a mi trabajo, y en la ranura de la puerta de la habitación 213 vi un papel amarillento y doblado, me repetí varias veces a mí misma que todavía estaba dormida, y que no sabía ni lo que veía ni lo que oía.

"Dios, sino necesitará tanto el dinero de buena gana dejaría este trabajo."

Pasó otra semana, durante todos los días el papel doblado bajo la puerta de la habitación 213, siguió en la misma posición, lo miraba y lo remiraba día tras día, pero hasta el último día de la semana no me atreví a cogerlo.

Fue entonces cuando me agaché, lo cogí, lo doble todavía más, me lo escondí en el escote del uniforme, y dando empujones a la gente que me iba encontrando por los pasillos, me largué de allí hasta que por fin me encerré en el lavabo.

Me saqué el papel, lo desdoblé y... ¡Oh! ¡Sorpresa! ¡No había nada escrito! En ningún lado, ni por delante, ni por detrás... ¡Un momento! ¡Había un nombre escrito con letras muy pequeñitas! Casi no se podía leer y parecían garabatos pero no lo eran, me acerqué el papel a los ojos y leí el nombre de mujer perpleja: SUSANA.

¡Que casualidad! ¡Así mismo me llamaba yo!

Empecé a sentir miedo, pensé que aquel hotel para mí solo era un trabajo, no tenía porque mezclarme en asunto que no tenían que pertenecer a mi vida, rompí el papel con los ojos cerrados, lo tiré por el retrete y tiré la cadena.

Salí como si nada cantando como unas castañuelas, tenía que seguir ganándome el dinero.

Pasado otra semana y media en la que todo transcurrió la mar de bien y ya casi me ha olvidado del incidente del papel con mi nombre, volví a pasar por delante de la puerta de la habitación 213, en donde hallé otro papel, ésta vez no estaba colocado en la ranura sino que estaba agujereado y colgando del mismo pomo de la puerta. Lo cogí, lo examiné a fondo, ésta vez había escrita una frase, con las mismas letras diminutas:

TODAS LAS SUSANAS DEL PLANETA MORIRÁN.

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