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Aquella voz sonó tan dulce como hacía tanto tiempo que no lo hiciese, mis sentidos quedaron paralizados y todo cuanto mi mente había rondado ahora se disipaba en el más profundo de los abismos del subconsciente, en cuestión de milésimas de segundo todo había desaparecido, incluso la firmeza en la que se pretendían concluyesen los actos no eran más que exagerados titubeos, finalmente mi cerebro reaccionó, el calor de la sangre volvió a hervir por cada resquicio de mis venas, y todo cuanto antojó azucarado tiñó en amargo de nuevo, -. Si?. Volvió a interrumpir la voz, pero en esta ocasión el ardor que se hallaba en mi interior era demasiado cargado para que pudiese sofocarse, mi voz dudaba, una mezcla de saliva y sequedad hacían difíciles mi expresión, pero al cabo de un segundo que pareciese una eternidad mi odio se apoderó de ella y con firme palabra respondió – Soy yo! En estos instantes la armónica voz que surgía de aquel interfono calló, convirtiose en un silencio estreuendoso, dolorido confuso y titubeante, en ese mismo instante la puerta se abrió ante mí, la sensación de querer dar aquel importante paso en lo que sería el resto de mi vida se hacía cargado y pesado, la sequedad iba transformándose en algo más profundo, y mi ego iba acrecentándose y desvaneciéndose como un péndulo al caer sobre los miembros de su víctima. Las empinadas escaleras crecían ante mi desesperada necesidad de acabar con aquella situación. Ahora todo era gris.. ahora todo era...
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