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... así que decidí no decidir nada.
Y en ese momento se hizo la luz, sucedió el milagro que me devolvió para siempre la tranquilidad:
¡Mi cerebro se hizo líquido, fluyó de salida por mi nariz cayendo casi sin hacer ruido sobre las baldosas de la calle en el lapso de pocos segundos... y yo dejé de pensar... ¡Sencillamente dejé de pensar!
El charco amorfo y rojizo de mis sesos se evaporó con bastante rapidez, pero yo ya no estaba allí, yo ya me había marchado, sonriente, y encaraba con optimismo el inicio de mi nueva vida, de ahora en adelante sería la más irracional de todas las bestias, el más apasionado de todos los amantes, el más exitoso y relevante de todos los políticos, el más destacado de todos los deportistas, el más brutal de todos los asesinos, el monstruo más cruel que jamás pisara este mundo: Yo, el "Increíble Hombre de la Cabeza de Cascabel!".
Mi móvil volvió a sonar. Esta vez respondí inmediatamente, sin pensar, sonriendo con voz resonante y meliflua:
- "¿Dónde estás?... Espérame ahí mismo, no te muevas... ¡Nos vemos pronto!"
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