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Efectivamente. No podría ir a la playa porque estaba, no me lo podía creer, estaba nevando. Había unos cincuenta centímetros de nieve. Los coches estaban medio cubiertos. De hecho no se podía salir a la calle pues las puertas de las casas no se podían abrir.
Pero no me apetecía quedarme en casa.
Como vivía en un primer piso me arriesgué. Salté por la ventana escogiendo para caer la nieve que había en un contenedor que habían puesto bajo mi ventana.
Paseando vi un sin fin de personas que o bien deseaban salir y no podían, o querían entrar en su casa sin éxito, o querían arrancar su coche o no conseguían mantenerse en pie.
¿A dónde voy?¡Qué demonios! Yo quería ir a la playa. Iré la playa.
De repente paró de nevar pero el cielo seguía muy cubierto. En la lejanía se divisaban relámpagos aunque cada vez sus truenos sonaban más cercanos.
Parecía que lo malo estaba aun por llegar. Cada vez hacía más viento y los truenos se sentían más cercanos.
Comenzó a llover de nuevo.
Pero esta vez se convirtió en granizo.
¿Cómo me atreví a salir?
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