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"La Princesa aguarda, espadachín justiciero, a que con justicia combatas por ella en un torneo; algo más que tu vida está en juego"
No había firma, sólo ese intrincado sello que no conocía, pero tenía un muy mal presentimiento. Arrugó el sobre en el puño, notando que le faltaba el aire mientras corría escaleras arriba.
- ¡Lena! -llamó antes de llegar, sabiendo con nefasta seguridad que no obtendría respuesta alguna.
La biblioteca estaba desierta, las ventanas abiertas y algunos libros tirados con hojas esparcidas por el suelo.
Xerox tuvo un acceso de debilidad, la sensación de que la había perdido, de que nada de lo que él pudiese hacer conseguiría devolverla a casa, ya no era el mismo de antes, ya no era tan fuerte ni tan certero, ya no quería ser un sangriento espadachín. Pero entonces una puerta se abrió espacial se abrió, una puerta que no conducía a ninguno de los dos mundos que él conocía. La atravesó sin dudar, sabiendo perfectamente que tenía que ver con ese sobre de sello negro.
Fue a dar a una habitación parca y oscura, con un pequeño ventanuco que permitía la entrada a de algo de luz tibia. Xerox se dejó caer en la única silla del cubículo, derrotado.
"Has sido elegido para luchar en un gran torneo, el objetivo consiste en llegar hasta tu premio y volver con él hasta el punto de encuentro que entonces te será revelado"
La extraña voz se apagó y la rabia se revolvió en las venas del espadachín.
- ¡Por qué haces esto!
"si te niegas a participar la mataremos, si alguno de tus contrincantes completa el recorrido antes, la mataremos, tu única posibilidad es ganar el torneo"
Xerox dio un puñetazo de furia en la pared, volvió a rugir a aquella voz pero nadie contestó, entonces se abrió la puerta y él supo que, para bien o para mal, aquella prueba había comenzado, y que no estaba dispuesto a perder.
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