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Aturdida se adentró en el dormitorio. Caminaba despacio, estudiando cada esquina de la sala. Intentaba negar la realidad y convencerse de que sólo era un mal sueño. Tomo la carta entre sus manos, temblorosa, conocedora de las malas que traía.
La leyó.
Estupefacta mantuvo largo rato la mirada perdida. Respiraba profundamente.
Al fin y al cabo, aún no todo había pasado.
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