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Agrando la foto en la pantalla, observó aquel cuerpo delgado y aquellos ojos que le miraban desde aquel trozo de papel cuché, su sonrisa, ¡hasta el pelo lo llevaba como lo imaginara, corto muy corto, los vestigios presumían un pelo negro, ahora sus canas abundaban más que su primitivo color, inquieta se removió en el asiento,¡le resultaba tan extraña aquella imagen y a la vez tan familiar!,horas y horas se pasó escudriñándola,¡horas y horas se pasó delante del espejo contemplando se cuerpo desnudo!,estaba delgada y los cuatro embarazos solo habían dejado huella en sus pechos, ya no se mantenían erguidos, en tono jocoso solía decir que se habían bajado al piso inferior, de pronto cayo en la cuenta de que aquel cuerpo que le devolvía el espejo llevaba años sin ser acariciado, sin ser recorrido por manos algunas que no fueran las suyas, sus actos sexuales se habían convertido en solitarios, ella consigo misma y sus ganas de amor y sexo, siempre lloraba al terminar de acariciarse a si misma, en los años que tuvo sexo que no amor, ahora tenía claro que por lo menos ella nunca lo había sentido, la tristeza la invadía al llegar a este punto, más de una vez pensó que si para ella era tan importante, ¿por que siempre le había resultado un sacrificio irse a la cama con ellos?,ahora lo entendía, ¡ella nunca sintió amor por aquellos cuerpos que se pegaban al suyo!,tenía cuatro hijos y ninguno era fruto del amor, sintió una tristeza infinita,¡ahora ya no tendría ninguno de esa forma!.
El murmullo de voces a su alrededor la devolvió al presente, el autocar se había detenido en un área de servicio y los viajeros se apeaban a estirar las piernas y tomar algo, al caminar hacía la cafetería observó como la miraban, siempre había sido así, su porte al caminar, la forma que tenía de moverse, de dirigirse a los que estaban a su alrededor despertaba curiosidad, más tarde cuando hablaban con ella, la seguridad en si misma que desprendía convertía la curiosidad en distancia, en rechazo,¡si ellos supieran que aquella seguridad solo era la muralla detrás de la que se parapetaba para que nadie palpara el miedo y la tristeza que sentía por ella misma!, pero eso solo lo sabía ella, jamás se lo contó a nadie.
A cuatrocientos kilómetros de donde en ese momento estaba detenido el autocar, Ignacio se afeitaba frente al espejo, lo hacía mecánicamente, su mente no estaba allí, tan solo unos minutos antes contemplaba una foto en la pantalla del ordenador, la primera vez la miró sorprendido volvió a mirar la ficha, cincuenta y dos años, en ese momento pensó que la foto era de tiempo atrás, en ella aparecía una mujer que a él le pareció muy guapa que no aparentaba la edad que decía tener,¡y además con cuatro hijos!, allí había gato encerrado, con los años se había vuelto desconfiado y muy precavido, después de su separación, ésta, había sido tormentosa y cruel, un buen día llegó a su casa antes de lo previsto, por aquel tiempo viajaba mucho, el trabajo le tenía continuamente de un lado a otro, encontró a su mujer con otro hombre en su propia cama, sus hijos eligieron vivir con él, dos largos años tardó en volver a mirar a una mujer sin odio ni rencor, no recordaba el último momento en que se había sentido feliz, los amigos se empeñaron en sacarle a tomar copas,¡tienes que vivir, conocer chicas, ya verás como encuentras a tu media naranja!,de eso hacía ya algunos años, después de varios intentos infructuosos decidió volver a sus hábitos, leer, pasear y soñar con la llegada de las vacaciones para irse a la playa, allí frente al mar se sentía a gusto consigo mismo, lo que él jocosamente llamaba ser feliz, sonrió recordando cuando se lo comento por teléfono, la escucho soltar una carcajada para a continuación asegurarle que la foto se la había hecho para mandársela, desde el primer momento le gustó su voz, la dulzura con la que hablaba, en la últimas semanas se habían pasado horas pegados al teléfono, volvió a rememorar su imagen, en la foto llevaba un vaquero y una camiseta sin mangas, de fondo el mar.
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