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"Supongo que estabas aterrado por el sueño que me contaste hace un rato, ese donde eres un muerto que busca su lápida en un cementerio", dijo Molina mientras mordisqueaba el pitillo.
"¿Cuántas veces he de decirte que no me interrumpas cuando te hablo?", le pregunté. Fui al refrigerador y saqué un par de cervezas. Me senté y miré a Molina sin hablar. "Está bien", me dijo como si respondiera a una pregunta. "Continúa, no te interrumpiré".
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