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Tras mas de media hora tendida en el suelo, paralizada. Se agacho quedando justo en frente mia.Su olor era casi insoportable.
Pude observarlo durante unos minutos, al principio eternos, mas tarde, efímeros.
Ahora me tocaba a mi tomar la iniciativa, el miedo que minutos antes sentí por aquel ser, se desvaneció como un sueño tras el sonido del despertador por las mañanas.
Mientras mi mano se acercaba lenta y temblorosa hacia el intento de rostro que se mantenía cabizbajo ante mi, rece para que el desagradable y monótono sonido del despertador sonara y me despertara de aquella pesadilla.
El despertador no sonó y mi mano ya rozaba levente su rostro. Una nueva sensación me acechaba, una agria inquietud y una sombra de miedo anidaba en mis entrañas, hormigas corrían por mi barriga y un nudo punzante en mi garganta me dejo sin palabras.
Entonces quise llorar, y lo mas triste es que sentí que el también quería hacerlo. Mi pulgar acaricio su piel; aquel tacto acuerado hizo aletear a las cien mariposas negras que inundaban por aquel entonces mi cuerpo. Recordé su caricia y mi curiosidad llevo mi mirada hasta sus huesudas manos. Un rastro de piel consumida por el fuego insinuaba el color de sus huesos.
El tiempo paso deprisa, la niebla se diluyo en el aire y la lluvia ceso hace mucho. Nuestros ojos se encontraron, mi piel se estremeció y mi respiración se acelero y una lagrima corrió por su rostro, mojando mi mano aun húmeda por la lluvia y el sudor.
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