|
Su niña interior, con rodilla lastimada, calor, humedad, mosquitos, calor... ufff... volvía para su casa, hogar supuestamente duradero salvo por esa hipoteca que no podía sacar de su mente, esa carga más pesada que el tiempo mismo.
Allí había una casa en la que vendían tickets de lotería y ya como quien está totalmente resignado, compró un boleto, a la esperanza...
|