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Aunque impecable, nunca lo había visto con un atuendo tan sobrio y que mostraba su abandono. -¿Hoy no es un buen día?-pregunte con cierta burla al ver su atuendo tan poco apropiado-.
Agachó la cabeza, su mirada no era la misma de siempre. Cabizbajo se sentó, lentamente en una de esas viejas sillas de mimbre que inundan los bares.
Nunca olvidaré su cara...
Sus ojos brillaban en la mas pura tristeza y sus lagrimas acariciaban su rostro. Con un aire indefenso, propio de un niñito de cinco años, cojió mi mano y comenzó a llorar. Lo abrace; su corazón latía fuerte y sus manos sudaban temblorosas.
Algo extraño estaba ocurriendo, pronto me empece a preocupar, su rostro empezó a palidecer y sus manos estaban aun mas frías, sus ojos se volvían blancos intermitentemente, su respiración cesaba cada vez mas rápido hasta que perdió el conocimiento.
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