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Impaciente, Hitomi se mordisqueó el labio inferior. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que el chico se había encerrado con Neo y con un sanador en un cuarto, pero sabía que era mucho tiempo. Comenzó a pasearse por el vestíbulo oscuro- la escasa luz que obtenían de un gas que emanaba de la tierra la utilizaban casi exclusivamente en los cuartos de cura y en algunos sitios céntricos de la ciudad-, pensando en todo lo que podía pasar. De pronto, una mano se posó en su hombro. Sobresaltada, dio media vuelta, y se encontró con Donne. Sintió miedo al ver su mueca cansada.
-Ha salido bien- suspiró el muchacho
Llorando, Hitomi se lanzó en sus brazos. Donne, asustado, no pudo hacer otra cosa que devolverle un abrazo vacilante y pasarle las manos por el cabello.
-Pero no está fuera de peligro- se oyó decir-. Es posible que se le infecte, aunque he hecho todo lo posible porque eso no suceda. Debemos vigilarlo durante una temporada.
-¿Cómo está?
-Duerme, pero despertará en breve, y es probable que sienta terribles dolores, pues no traje pastillas para mitigarlo, por no hablar del trauma que le supondrá la pérdida de su mano- se mesó el cabello-. Deberías estar a su lado
-Estaremos los dos- dijo ella con firmeza, agarrándole la mano-. Ahora eres nuestro compañero. Estabas predestinado a serlo incluso antes de que nos conociéramos.
Donne la siguió. Era sorprendente lo mucho que había pasado en poco más de veinticuatro horas. Suspiró. No sabía por qué, pero le daba la sensación de que aquello solamente era el principio.
* * *
-Hitomi…- murmuró Neo. Sentía la boca seca, y un terrible dolor comenzaba a ascender por su brazo derecho.
-Estoy aquí, Neo- respondió ella, cogiéndole la mano izquierda.
Neo movió un brazo que le pareció muy pesado e intentó cubrir con su mano los dedos de Hitomi… la mano no le obedecía. Abrió los ojos. En el lugar donde antes había estado su mano, ahora solamente había un vendaje.
-¿Qué ha ocurrido?
-Han… han tenido que amputarte la mano…- dijo Hitomi, insegura.
-¿Qué?
-Se te había infectado, corrías el riesgo de morir…
El grito de rabia y dolor de Neo resonó en todo el edificio. Minutos más tarde, un asustado Donne, que había salido a por algo de comer y a por un poco de láudano, para intentar calmar el dolor de Neo, se encontró con que el hombre, sujeto a duras penas por Hitomi, intentaba clavarse un cuchillo en el abdomen.
-Basta ya- dijo Donne, con voz extrañamente tranquila. Se acercó y le quitó el cuchillo-. Vuelve a la cama y descansa.
-Has sido tú quien me ha amputado la mano- no era una pregunta, sino una afirmación
-Sí- confirmó el joven
-¡Maldito seas! Me has convertido en un medio-hombre- Neo intentó abalanzarse sobre él, pero un súbito mareo lo hizo tambalearse.
Hitomi lo cogió antes de que cayese al suelo y lo tumbó en la cama. Donne, con suma calma, le vertió en la boca un par de gotas de láudano y, al poco, la respiración de Neo se hizo más regular. Estaba dormido.
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