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...mi intuición no falló.
En el momento que tuve mi cuenta de correo activa y que a mi maravilloso jefe le dijeron que ya podía empezar a trabajar sin problemas, mi bandeja de entrada empezó a llenarse con correos suyos.
Al principio pensaba que me lo enviaba para que estuviera al día de cómo estaban funcionando las cosas y me enterase del estado de todos los temas que tenía que llevar, pero… después de leer 10 correos empecé a darme cuenta que lo que estaba haciendo era pasarme los temas directamente a mí sin mirarlos.
Llegaban correos de temas que no conocía, que no sabía como afrontarlos. Decidí no ponerme nervioso e intentar solucionarlos lo antes posible para demostrar lo que valía, pero la verdad es que iban llegando y llegando y no tenía ni tiempo, ni sabía las respuestas y las soluciones como para hacer bien mi trabajo.
Así pasé mi primera semana de trabajo. Decidí hablar con mi jefe, mi genial jefe, con lo que le solicité una reunión.
Le escribí un correo, ya que él prefería “hablar” por mail que no llamarlo por teléfono.
“Hola.
Me gustaría poder tener una breve reunión para poder hablar de cómo poder ir solucionando los diferentes temas que tengo abiertos y que día a día, como ya sabe, van llegando a mi correo.
Saludos y hasta pronto.”
Pasados 10 minutos ya tenía respuesta, me daba miedo abrir el correo, pero al final lo hice...
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