|
-Soy Angel-volvi a repetirle.
Roberto se sentó frente a mi, y movía sus manos, a la vez que sus labios nuevamente... No entendía nada, no sabía qué es lo que quería decirme, tan solo me daba cuenta de que había obviado algo en nuestras conversaciones por chat... no me había dicho que era sordomudo.
El tren se detuvo, a la vez que la misma voz de cada día anunciaba su parada. Se levantó y haciendome un gesto de despedida se marchó.
Lo seguí con la mirada, al mismo tiempo que mi mente recogía algunas frases sueltas de tantas noches de charlas..."No, yo no tengo teléfono móvil"; "Claro, algún día quedamos para tomar café"; "No tengo micrófono...".
Pero ¿Por qué no me lo había dicho? habíamos compartido tantas confidencias.... yo le había abierto mi alma, había sido siempre sincero con él...
|