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El me sonríe, me muestra el asiento que estaba vacío junto a él, como invitandome a sentarme.
Sin decir palabra acepto su invitación. Me siento nervioso, con ganas de gritar, mi corazón acelerado, mis manos sudosas....No se cuando tiempo transcurrió hasta que decidir romper el slencio. Roberto se había girado y miraba absorto por la ventanilla del tren el paisaje que corría veloz delante de nosotros...
-Imagino que te habrás quedado tan sorprendido como yo ayer, cuando recibí tu foto-El no me contestó, ni tan siquiera hizo el ademán de girarse para mirarme.
De nuevo un tiempo iincalculable en el que mi corazón quería salir de mi pecho.
-¿Estás enfadado conmigo?-Nada... no hubo respuesta, parecía como si nada ni nadie existiese más allá de esa ventana...
-Roberto -dije a la vez que impulsivamente acerté a acariciar su mano. En ese momento él se volvió hacia mi, retirando rápidamente su mano de la mía.
Tenía el ceñó fruncido, y gesticulaba rápidamente, señalando sus ojos, su corazón, su boca... pero no emitía ningún sonido. Sus palabras eran sordas, sólo se distinguía algún balbuceo que otro, y que para mi era imposible entender.
De repente se levantó, y entonces fué cuando le cogí del brazo obligandole a mirarme.
-Soy Angel- dije muy despacio. Sentí como las lágrimas se asomaban a mis ojos. Sentí las miradas del resto de la gente del vagón, sentí sus ojos fijos en los mios...
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