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Era casi medio día para cuando los dos pasajeros de la motocicleta alcanzaron los bordes de la ciudad. Teodoro estaba cansado, hambriento, y nervioso, pero a la vez ilusionado por la vida que estaba por comenzar.
Llegaron al apartamento que rentaba Carlos con otros dos compañeros, y ahí por fin pudieron comer algo. Aquellos pedazos de pan y gaseosa tibia le parecían lo más delicioso que había probado en su corta vida. Fue presentado a Roberto y Arturo, otros dos jóvenes que no pasaban de los 25 años. Todos trabajaban como mensajeros en una empresa. De hecho se dio cuenta de que la motocicleta que andaba Carlos no era de él, sino de la empresa, y que se la había llevado sin permiso a su pueblo.
Pronto al escuchar hablar a los tres jóvenes, los problemas que tenían, sus dificultades y peripecias, empezó a darse cuenta de que la ciudad tal vez no era tan maravillosa como él creía.
Los jóvenes discutían acaloradamente. Al parecer Carlos por ayudarle a su familia se había llevado el dinero del alquiler y estaban amenazando con echarlos del apartamento.
-"Sos un irresponsable"- gritaba Roberto -"te llevaste la plata y la moto de la compañía, y el supervisor se dio cuenta".
Teodoro empezó a arrepentirse de la decisión que había tomado, pero ya no podía echar marcha atrás. No sabía como regresar a su casa, no tenía dinero, y estaba en un lugar desconocido.
-"Traje a uno nuevo, seguro en la compañía lo pueden poner a hacer algo, y así pagamos el alquiler entre cuatro en vez de tres"- decía Carlos.
-"¿Pero ese que sabe hacer? Es un chiquillo"- replicó Arturo -"Al jefe no le va a gustar, además está todo flaco."
-"Eso déjamelo a mi, que Gutierrez me debe un par de favores"- Le contestó Carlos.
Teodoro sintió el mundo hacerse enorme ante él, cuando lo llamaron los tres al cuarto contiguo. Teo entró un poco nervioso.
-"A ver, tu que sabes hacer"- le dijo de mala gana Arturo, que era el que parecía tener el peor carácter de todos.
-"Pues lo que me pongan"- dijo él algo tímido.
Acordaron entonces llevarlo al día siguiente a la fábrica y probar suerte. Tal vez pudieran encontrar algo para él...
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