|
18 de agosto del 2003
Hola.
Te escribo porque estuve pensando y creo que me pasó la mano con eso de la carta que te mandé. No tengo porque ser tan dramática, me lo has dicho un millón de veces.
Sé que me viniste ha buscar. Debes estar pensando que no te quise recibir y tienes razón, aún necesitaba tiempo para pensar y también para olvidar.
¿Sabes? estoy viendo un nuevo psicólogo. Este es mejor que el anterior. El imbécil ese sólo sabía darme antidepresivos. Este si se preocupa por mis problemas. Ya sé es su trabajo y que por eso le pago, pero parece mentira, me esta ayudando bastante.
Oye, por lo de los depres no te preocupes, era una dosis bien suave, no es para que te asustes no estoy tan mal. La verdad es que ya ni los tomo. En serio.
Te cuento todo esto porque pienso que de alguna forma podemos seguir siendo amigos. Más bien te pido que no me vuelvas a buscar, al menos por un tiempo. Ya sabes como se pone mi papá de histérico cuando te ve. Además creo que aún no estoy lista para verte cara a cara y pretender que nada pasó. Tú entiendes.
Bueno pues, por mientras te seguiré mandando cartitas. Y otra vez perdón por tanto drama.
Tú amiga, Muriel
|