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Raúl pensaba vertiginosamente mientras llevaba casi en volandas a Ana y se sentaban el sillón de cuero negro.
No separaba su vista del hombre que seguía encañonándolos con una mauser de color gris acero. Gris era él también.
Aquella voz extraña retumbó de nuevo entre las paredes del salón.
-Vengo a buscar una información que tiene en su poder -los ojos grises le miraban con fijeza-. La quiero ¡yá!
-No tengo idea de a que se refiere -a Raúl la voz le salió pastosa y bronca. Ya sabía que buscaba. Lo sabía, y quizás su amigo Javier se lo había avisado yá: "Te estás metiendo en un nido de avispas, Raúl, sal o ten mucho cuidado. Son gente muy peligrosa". No le hizo caso y riendo le bromeó: "Bah... soy un tío sin importancia para ellos...".
Ana atemorizada se abrazaba al cuerpo de Raúl. Sólo veía aquel cañón gris que se agrandaba ante sus ojos, y escuchaba como en off las voces que resonaban en sus oídos.
-Lo sabe perfectamente -dijo el hombre entreabriendo los labios en una fría sonrisa-. Vamos a su estudio, y sin hacer tonterías.
En el corto trayecto Raúl organizó fríamente lo que tenía que hacer. No pensaba que ese sujeto entendiera mucho de ordenadores, acaso lo básico. Eso sería su ventaja.
Entraron en el estudio y Raúl consiguió sentar a Ana en un pequeño sillón, se soltó de sus manos agarrotadas y la besó en la frente.
-Tranquila amor, confía en mí -le dijo en voz muy baja.
Se sentó ante su pc. El hombre pegado a él le encañonaba con la pistola.
-Busque la información -dijo con aquella voz metálica.
Raúl rápidamente comenzó a buscar, sacando pantallas innecesarias para ver si el hombre sabía lo que él estaba haciendo. Captó enseguida que no podía seguir lo que hacía y respiró ya más relajado, parándose ante un fichero sin abrir.
-Tal vez sea esto lo que busca -dijo sin apartar la mirada de la pantalla.
-Ábralo, quiero ver lo que contiene -el hombre apretó el cañón de su pistola en el cuello de Raúl y se inclinó hacia delante para poder leer el fichero que se abría ante sus ojos.
-Sí, ese es -dijo volviendo su cara hacia él casi pegado, el aliento agrio le llegó a Raúl-. Quiero todo en un disco, incluidas las copias que seguro tiene.
-Necesito beber agua -dijo Raúl metiendo un CD en su base, y miró hacia Ana sin dejar de observar al sujeto. Cuando notó que éste desviaba su atención hacia ella, picó "Envío de correspondencia", e inmediatamente regresó al fichero original. Cuando sintió que el hombre miraba de nuevo atentamente, dio orden de mover el fichero al CD.
Seguro que Javier ya estaba en la comisaría de policía ante su ordenador, y al recibir esa copia de archivo que tenía preparada en un borrador, le haría ver que algo extraño ocurría. Confiaba en su suerte.
Terminada la copia movió archivos para evitar que el tipo aquel viera que el envío de correo había sido correcto, y busco largamente entre ficheros y pantallas.
-No sé exactamente donde guardé la copia, lo estoy buscando -dijo arrastrando las palabras como si le costase hablar.
-No pierda tiempo, es usted muy lento -dijo el hombre molesto y nervioso ya.
-Las copias las suelo refundir, y tengo que buscarla -comentó Raúl.
-Pues saque todo al disco -la voz del hombre fue seguida de la frialdad del cañón de la mauser sobre su sien.
-No cabrá en el disco, hay mucho contenido y fallará -Raúl comenzó a toser.
-Pues haga lo correcto y ¡Rápido! me estoy hartando de usted -y mirando a Ana le dijo- Traiga agua, y sin hacer tonterías.
Ana miró a Raúl y al asentir éste salió del estudio. Había leído en su gesto que debía quedarse fuera, y no volver.
Raúl dejó pasar unos minutos más haciendo que buscaba y se paró ante un fichero.
-¡Ábralo! -casi gritó el hombre, que se dispuso a leer... -¡Páselo al disco! ¡Vamos!
Ana había abierto la puerta del apartamento dejándola entornada, ya en la cocina sacó dos vasos y una botella de agua. Se quedó quieta esperando y escuchando. Pensó en ir al dormitorio a por el móvil, pero la vería.
No habían pasado apenas dos minutos cuando le pareció oír pasos leves en las escaleras, después un ligero roce la hizo asomarse al pasillo. Vio que la puerta se abría suave y que Javier, el comisario de policía, con dos hombres detrás de él, la miraba interrogante.
Ana señaló la puerta del estudio e hizo con las manos un gesto como de llevar un arma.
Javier al pasar por su lado metió a Ana en la cocina.
Después de unos segundos eternos se oyó un disparo y Ana se desmayó...
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