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Y me encontraba en la fila de embarque, con mi maleta a los pies (ese fardo increíble en el que había confinado todas las posesiones que quería arrastrar conmigo a mi nueva vida; ropa, algunos recuerdos, el libro que estoy leyendo...), cuando algo cambió mi rumbo.
Lo que cambió básicamente fue el panel de salidas que había sobre mi cabeza. Con un sonido como de fichas de dominó en una caída desenfrenada (destino también), apareció junto al vuelo que iba a coger la palabra "delayed". Estas pocas letras me sumieron en una reflexión: si escogí el primero que saliese dando mi timón al destino, y ahora ese vuelo se retrasa, debería escoger el vuelo que lo sustituya? Debería cambiar como el panel? O me llevaría a la misma caída desenfranada?
El vuelo que salía antes ahora que Noruega había dado un paso atrás se dirigía a Edimburgo. Edimburgo? Escocia. Había el destino decidido, al darle las riendas de mi vida, cambiar mi rumbo a propósito?
Decidí tras varios minutos de reliberación, confiar en el destino y tomar rumbo a Edimburgo. Al comprobar la hora de salida (Dios! Tan sólo quedan 10 minutos para finalizar el embarque!) corrí a comprar el billete, y decidí embarcar sin facturas mi maletita. Arrastré mis escasas posesiones en una carrera desenfrenada hasta mi asiento, rogando porque las aceptasen como equipaje de mano. Tras mil empujones embutí toda mi vida en el compartimiento 15V y me senté sin aliento. Había comprado asiento de ventanilla, para ver mi país desaparecer tras de mí. Tantas alegrías, tantas desgracias... todo... cambiado por una nueva vida.
Levanté la vista. Había llegado la persona que compartiría conmigo el viaje de mi vida, aunque fuese estas horas de vuelo, quien ocuparía el asiento de al lado. Se trataba de...
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