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Sin embargo la historia se repite a la mañana siguiente.
Sentado en el tren, evocando lo ocurrido el día anterior, aquella persona vuelve a aparecer frente a tus ojos.
La miras, sonríes y te preguntas si será cosa del destino.
-Esta vez no voy a perder la ocasión.- Te repites mientras, tembloroso, te acercas tambaleándote hacia su asiento.
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