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Y me quedo pensando ¿ por qué no me atreví? ¿Por qué siempre me dan corte estas cosas? es como si se me congelara la sangre dentro del cuerpo. Salgo del tren, y me dirijo a mi trabajo, pero aun me queda esa imagen, esos ojos, esa cara.
El día pasa como un caracol en un inmenso jardín; hago mi rutina como todas las semanas, llega la hora de comer, vuelvo a pensar en lo acontecido en el tren. No paro de darle vueltas, y me pregunto: ¿por qué? ¿Miedo? ¿Vergüenza? Aún no lo sé. ¿No era más que una persona de las miles que cogen el tren para ir a un lugar cada día? ¿Cómo es que no puedo dejar de pensar en ello? Como mi bocata sin prestarle mucha atención y vuelvo al trabajo.
Se acerca la hora de salida, parece una eternidad, las manecillas del reloj parecen no avanzar. ¡Por fin! Salgo a toda prisa, disimulada, claro, hacia la estación ¡menuda tontería! ¿Piensas que te encontrarás con la misma persona en el mismo lugar? Son pocas las probabilidades.
Pero aún así voy a toda pastilla. De camino me para la china de las flores, digo que no, luego el moro de los CDS, otra vez no, es como una carrera de obstáculos. Llego, bajo las escaleras mirando a todas partes buscando una señal, algo parecido, es como una aguja en un pajar. Bajo al andén, ¿tomarán el mismo tren que yo de regreso? vacilo un momento antes de subirme al que recién llega. Se abren las puertas, baja gente con la prisa robótica que nos identifica, subo y con la mirada perdida en algunos papeles del curro que me he llevado a casa, y de pronto…
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