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Obervé cómo el tren seguía su rumbo, dejando tan sólo una estela de ruido en disminución.
El barullo del gentío se extinguió rápidamente y yo permanecía allí, quizás esperando a que algo sucediese. En un fogonazo de lucidez, me di la vuelta y seguí mi destino como perrito faldero. Subí por las escaleras con pesadumbre y vagancia, caminé por los pasillos desiertos y de luces parpadeantes, pasé por la taquilla y allí estaba él, mirándome de nuevo, mis ojos se abrieron presas del miedo, me paré y giré mi cabeza hacia la izquierda, el guardia de seguridad también me miraba un tanto sorprendido, pegué un respingo, no podía ser, también era él.
De pronto una avalancha de personas se dirigían a las escaleras, yo me aparté rápidamente temblorosa: una anciana, una madre con su hijo, ese ejecutivo presuroso...todos tenían esa misma cara que se repetía como caretas de carnaval...me dejé caer al suelo con las rodillas encogidas como un perro perdido...
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