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Uno nunca sabe cuando su cabeza va a empezar a pensar en el pasado y lo va a traer al presente.
Piensas que eres alguien cabal, centrado y de repente ta das cuenta que en realidad llevas años escondiendo tus problemas en algún lugar de tu mente.
Es entonces cuando te llega la ansiedad, los dolores de cabeza, musculares, en fin, realmente puedes llegar a pensar que podrías estar muriendo de lo mal que te encuentras y los médicos no encuentran que es.
Y ese es mi caso,.
Todo iba más o menos bien, pero formas una familia y de vez en cuanto te asalta la duda de si ese ser tan celestial en que tienes convertida a tu madre, es realmente así o tú has preferido no verla como realmente es. Porque tu nunca le harías a tus hijos lo que ella te hizo a ti.
Estás una tarde tranquilamente, sentada en el sofá viendo una película y notas en el corazón una presión muy fuerte, sientes pena, mucha pena y lo triste es que te das cuenta, de golpe, que esa pena no es por el drama que estás viendo, la sientes por ti misma.
Creo que he tenido muchas carencias de niña, tantas que me resulta bastante difícil empezar a contar algo concreto. No es que no haya tenido buenas ropas, buenos colegios, buena comida en la mesa. He tenido de todo eso y mucho más. He ido a montar a caballo durante muchos domingos, cuando cumplí los diez años me montaron una fiesta de cumpleaños impresionante, mi padre decidió que esa edad era muy importante y vinieron las majorettes a mi calle y actuaron debajo de mi balcón, todos los niños que vinieron se llevaron un regalo y el pastel tenía tantos pisos que me tuve que subir en la mesa del comedor para apagar las velas .Por eso, no sé por donde empezar.
Nací después de que mi padre le diese una buena paliza a mi madre que en ese momento estaba embarazada de ocho meses, con puñetazos y patadas en la barriga. Cuando terminó de pegarle la hizo desnudarse, la ató a los pies de la cama y le metió fuego a las cortinas. Supongo que mi madre debió alterarse de una forma incontrolada y eso me llegó a mí.
Creo que fue mi tío, el hermano de mi padre que venía a visitarnos, el que entró y desató a mi madre y apagó el fuego, aunque eso ya no tuvo importancia. Ni eso ni que él le diese una paliza a mi padre. Mi tío había sido boxeador y mi padre había practicado durante muchos años la lucha libre. Esta familia lo arregla todo a golpes.
Unas horas después, nací ocho-mesina y con varias vueltas de cordón umbilical enrollado al cuello. Mi color era tan amoratado que mi abuelo pensaba que era negra y miraba desde los pies de la cama a mi madre, su nuera, como diciendo – Ahora si que lo has conseguido, la niña negra, estás muerta segura. - No era negra, pero debido al padecimiento nací con un soplo al corazón, aunque puedo decir que sobreviví.
La familia de mi padre, sumaron dos más dos y les dio casi cinco. Claro, mi madre ya tenía dos hijos de una relación anterior y yo había nacido a los ocho meses de la boda por lo que pensaron que se había casado embarazada, porque aunque mi padre fuese un cafre como ellas decían tampoco iban a pensar que le pegaba a mi madre desde la misma luna de miel, ¿o tendría que decir de hiel…?
Como acabo de explicar, mi madre antes de casarse con mi padre, venía de otra relación en la cual tuvo dos hijos. Así que yo era la primera hija de mi padre y la primera niña de mi madre. Un bebé que ambos habían ido a buscar, es una historia que siempre me han contado, la cual solo tiene un fallo según ellos, que tenía que haber tenido los ojos azules y los tengo verdes. Siempre me he preguntado el porqué me habían deseado tanto con lo mal que se han portado siempre.
Para ser un bebe tan esperado, no podía llorar como hacen todos los bebes del mundo. Una vez, cuando tenía muy pocas semanas de vida, como lloraba, mi padre que había vuelto a casa borracho, me tiró contra la cama y reboté contra la pared.
A los pocos meses de nacer, mi madre decidió suicidarse. No aguantaba más los malos tratos de mi padre. Como mis hermanos estaban en un colegio interno, supongo que pensó que ellos estarían bien, pero yo no. Así que tuvo la brillante idea un día al darme mi baño diario de matarme primero a mí y luego suicidarse ella. Según ella para no dejarme sola en este mundo. Por lo que me ha contado ella misma, casi me ahogó, pero en el último momento se echó para atrás y me sacó de la bañera. Me lo contó un día que se encontraba mal, para que yo la comprendiera por todo lo que ha tenido que pasar por nosotros. Es decir, por mi culpa, ya que si ella ha sufrido tanto en este mundo era para que a nosotros no nos faltase de nada, lo mismo que según ella debo dar gracias todos los días por no haber tenido que ir a un colegio interno. Creo, que por muy mala que fuese la situación en un colegio interno, yo habría estado mucho mejor allí que en casa. Habría podido tener amigas de la infancia, ya que no me avergonzaría de nada, pues la situación de ellas sería igual o peor que la mía. Aunque quizás y tal y como yo lo veo, lo mejor hubiese sido que se separase de mi padre desde un principio. Punto y final a todos los problemas.
Ella se habría ahorrado muchas palizas y nosotros mucho maltrato psicológico.
Encuentro y reprocho a mi madre que siempre se haya valido de la excusa de tenernos a mi hermano pequeño y a mí para no poder separarse de su marido. Durante muchos años, los dos nos hemos sentido muy culpables aunque yo a los quince ya empecé a decirle que cuando quisiese nos ibamos y claro, luego salieron otros motivos, que si se iba a fundir el dinero que ella no podía trabajar y mantenernos a los tres… Total, que siempre por un motivo u otro se ha quedado con el. Ahora tengo 36 años y el motivo es que si ella se va, para nosotros va a ser un calvario aguantar a mi padre y además nos quedaremos sin herencia. Lógicamente todos le decimos que la herencia no nos importa un pimiento y que de calvario nada, porque si viene a casa a formar alguna se llama a la policía y andando. Pero creo que se ha aclimatado a ser una martir y no sabe vivir de otra manera.
Mi familia cuenta muy orgullosamente que con tres años ya sabía leer y escribir aunque el cómo difiere de unos a otros.
Yo me recuerdo con la cartilla en la mano y preguntando a unos y otros – Esta letra como suena - .Mi padre dice que llegó un día a casa y yo le dije que sabía leer y leí unas frases de la cartilla. Como pensó que las había aprendido de memoria, sacó un libro y me hizo leer y lo leí.
Mi hermano mayor dice que fue el quien me enseñó, total, que fuese como fuese, todos coinciden en que a esa edad ya leía.
Por supuesto no soy una niña superdotada, simplemente una apasionada a la lectura desde que nací. Con cinco años y sin haber pisado un colegio, dividía por cualquier cifra, hacía raíces cuadradas y ecuaciones de segundo grado, gracias a mi padre, que se tomó la molestia de enseñarme.
Con esa edad, tres o cuatro años, mi madre se iba a comprar y me dejaba tranquilamente leyendo cuentos infantiles con la promesa de que si era buena y no me bajaba de la cama, cuando volviese me traería más cuentos. Yo me quedaba allí leyendo y al volver no se cuanto tiempo después, me traía los cuentos. Con esto no quiero culparla por dejarme sola con el peligro que esto tenía, supongo que sus motivos eran buenos y confiaba en mí aunque yo no me he atrevido a dejar en casa sólo a mi hijo mayor hasta pasados los nueve años e incluso en eses momento era para ir a comprar pan y no tardaba más de diez minutos. Quizás un poco exagerado pero en mi cabeza aparecían todo tipo de accidentes.
A mí nunca me pasó nada. Y siempre lo había encontrado bien el que a mí si me dejasen sola hasta que tuve a mi primer hijo. Uno cree que las cosas son normales según la edad que tenga y el tipo de personas con las que se relacione.
Como es normal, lo problemas entre mis padres no terminaron con mi nacimiento, si no que empeoraron.
Cuando yo tenía cerca de cinco años mi madre volvió a quedarse embarazada, años después supe que había sufrido un aborto cuando yo tenía dos o tres años debido a otra paliza.
El embarazo no lo recuerdo pero ella me lo contó. Siguieron habiendo malos tratos y al ser ella del grupo O RH – y mi padre del grupo O RH + mi hermano nació sietemesino y hubo que hacer un cambio de sangre al nacer. Según tengo entendido eso le pasa siempre al segundo hijo y ahora los médicos lo arreglan durante el embarazo poniéndole una inyección a la madre que será algo como una vacuna. Pero hace 30 años no habían tantos adelantos por lo que le cambiaron toda la sangre al nacer.
Mi madre se vio sola en el hospital y el día que salió para volver a casa tuvo que pedir un taxi.
Cuando llegó a casa se encontró a mi padre sentado en la terraza de un bar con tres putas.
Como se acercó a llamarle la atención, ese lo valió otra paliza. Lo había dejado en ridículo delante de sus amigas.
Esos días posteriores al parto, mi abuela se vino a casa.
Recuerdo que un día estando con mi abuela en la cocina se empezaron a escuchar gritos en el comedor, cuando salimos lo que vi me hizo abrir unos ojos como platos.
Mi padre estaba atando a los barrotes de la baranda del balcón una sabana de color rosa. No recuerdo como era el comedor, ni las habitaciones, ni nada de aquel piso, pero recuerdo con toda claridad que la sabana era rosa y los barrotes estaban pintados de negro. Después de atar la sabana y con los consiguientes insultos, le ató a mi madre la sabana al cuello. Mi madre estaba tirada en el suelo, supongo que primero le habría dado una buena somanta de puñetazos.
Por más que lo intentó no consiguió levantarla para tirarla. Vivíamos en un ático a una altura de seis pisos.
De ese día hay muchas cosas que nunca he llegado a entender. Quizás porque mi edad era muy corta. No entiendo como mi abuela, que era madre de mi madre, lo único que hiciese fue cogerme de la mano, encerrarme con ella en su habitación y pedir socorro por la ventana, tan flojito que cuando yo le dije
-Abuela, ¿Porqué no gritas?
Casi se muere de un infarto.
Tampoco entiendo que el ventanal del balcón estaba abierto, mi padre le gritaba a mi madre cosas como “hija de puta te voy a matar¡¡” y mi madre pedía auxilio, era un barrio en el centro del pueblo, lleno de bloques de pisos y nadie, nadie, avisó a la policía ¿Por qué?
Durante muchos años he revivido esas escenas en mi cabeza. No entiendo como a mi abuela, que entonces debía tener unos sesenta y cinco años más o menos, no se le encendió la sangre y cogió una silla, una sartén, algo y le abrió la cabeza a mi padre. Yo lo habría matado. Hubieses cogido un cuchillo y lo habría matado. ¿Qué clase de madre era? Una que presencia el intento de asesinato de su propia hija y se quita de en medio.
Ahora ella está muerta, hace siete años que murió y siempre, mientras crecí, su frase favorita hacia mí era…
-Si eres mala con tu madre, cuando muera, te saldré y te arrastraré de los pelos.
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