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Aquella tarde, cuando tenía la luna, aquella sonrisa que siempre encuentro en tu rostro, iba caminando hasta tu puerta. Llovía, como si dos aguaceros hubieran nacido juntos y ellas se dejaban sonar con una sola voz. Tenía que volver a verte. No dormí en toda la noche, observé toda esa oscuridad que nace después de sol.
Mientras mis pasos dejaban sonarse, cada vez, más cerca... el miedo aumentaba cuando era más próximo. Una lágrima dulce, esperaba ver en tu rostro; no entiendo exactamente lo que sucedió ayer por la noche. Pero, por el temor que siento, no me alienta esperanzas.
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