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Título: La luz de enfrente
Estilo: Terror
 
 
Introducción
 

Autor: Idua


Lo llevaba haciendo ya varias semanas, sabía no estaba bien ni era lógico de una persona de su edad, pero lo cierto es que Adolfo cada noche, y tras su jornada de trabajo continuada, salía al balcón a observar la vida de sus vecinos. Quizás lo hiciera por aburrimiento, por querer ocupar su mente en otras cosas que no fueran las suyas personales, o quizás lo hiciera por soledad. Siempre le había gustado ser soltero, independiente y vivir solo, sólo esporádicamente mantenía relaciones con mujeres a las que tras varias semanas de relación, acaba por descubrirle algún punto negativo, algo que era incapaz de soportar y entonces rompía la relación; y es que, como él mismo se decía, los años aparte de aumentar la experiencia, también te engordan la vena crítica. Pero desde hacía unos meses, las noches en su pequeño apartamento se convertían en largas horas de insomnio, inacabables cigarros empalmados y aburrimiento demasiado prolongado.

Así que una noche, salió a su balcón y echó una mirada a su alrededor: la vista no era especial, abajo una carretera adornada con algunos vehículos que vistos desde arriba, parecían planos, y algunos pasos despistados como banda sonora; a su frente el decorado eran varios edificios de modesta altura, caracterizados por la austeridad de las nuevas construcciones. Tan sólo uno le llamaba atención, situado entre otros dos bloques más altos que amenazaban por comérselo, era de piedra grisácea, con unas arrugas que desentonaban enormemente con la juventud de los demás, poseía rejas que eran presas del óxido, y cada día que pasaba sin derrumbarse, era una batalla ganada a la gravedad. Parecía hueco por dentro, tan sólo se veía una pequeña luz de flexo en una de las ventanas, que parecía darle calor a las tripas de todo aquel viejo edificio, y alumbrada por la tenue luz, la silueta de un niño, un niño vestido a pesar de las altas horas de la madrugada y escribiendo en lo que él creía una libreta, ya que desde su ventana era imposible adivinar nada más. Destacaba la soledad de ese niño encerrado en una habitación cada noche, absorto en algo incoherente a esas horas, le gustaba imaginar que tarea le ocupaba, o incluso imaginarlo a él y sus cualidades intelectuales, junto con su situación familiar, era todo un cúmulo de imaginación translúcida, que poco a poco quería ir haciendo fuera más claro.

Nada interrumpía la tarea nocturna del niño, nadie interrumpía en su habitación, ni nada parecía cambiar en su escena de cada noche, lo poco que podía alumbrar esa luz, permanecía cada noche igual: la cortina, la mesa donde transcurría la acción, o el mismo niño, que no levantaba la vista de su cuaderno. Más de una vez, Adolfo creyó que esa tarea de trataba de una creación literaria, pero luego desestimó esa idea, ya que los escritores levantan de vez en cuando la cabeza de entre sus letras y pierden su mirada en otro lugar, pensando o buscando inspiración que le ayude a seguir. Tampoco vuelve a leer lo ya escrito, lo suyo era una tarea continuada e inmóvil, como un maniquí que han sentado con esa postura.

Tras varias horas de conjeturas, el sueño se va adueñando de Adolfo, y tras la última calada al cigarrillo, decide irse a dormir. La última mirada al chico es mientras baja la persiana de su habitación, e intentando grabar esa imagen para ver si mañana sigue igual. Luego en la cama repite, como diapositivas, cada imagen del chico, siempre semejantes, hasta que el cansancio le va bajando poco a poco los párpados.

La noche de hoy parecía igual que cualquier otra de observación, y en el momento en el que Adolfo bajaba la persiana de su habitación, observó un movimiento de cuello del chico en dirección a su cuarto, se levantó hacia la ventana y haciéndole un movimiento semejante a un saludo, intentó llamar su atención. En un principio dudó de si se refería a él y con incredulidad se señaló él mismo con el dedo índice, el niño asintió con la cabeza mientras miraba hacia dentro de la habitación con aspecto nervioso. Tras esto, Adolfo salió de su casa corriendo en dirección al viejo edificio...

 
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