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Estando en la sala de espera del aeropuerto me di cuenta que tantas vidas no era posible que existieran.
No era posible que todo el mundo que estaba pasando por delante tuviera un pasado, un presente y pudiera tener un futuro.
Menos podía ser que todo el mundo que estaba hablando por teléfono tuviera un interlocutor al otro lado y este también tuviera una vida con su pasado, presente y futuro.
Pensaba que en cualquier momento podría cerrar los ojos y todos desaparecerían, se quedarían inmóviles y sin vida.
Estaba tranquilo, pero por otro lado me sentía muy nervioso pensando que lo que durante toda mi vida había pensado, se podría hacer realidad.
En ese momento para tranquilizarme cerré los ojos e intenté no pensar en nada, ni en lo que pasaría al abrirlos.
Estaba con los ojos cerrados escuchando el ruido del aeropuerto, imaginándome todo lo que pasaba a mi alrededor.
Sabía que de esta forma no podría concentrarme, con lo que me hice un esfuerzo e intenté no prestar atención a nada externo. Poco a poco, el silencio se apoderó de mí.
Conseguí llegar al punto en el que no oía nada. En este momento sentí miedo y decidí abrir los ojos...
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