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Una mañana, aquel hombre se despertó y se sintió solo, como si nada ni nadie le importara. Encendió la pantalla de su ordenador y comenzó a revisar su correo electrónico, sus feeds, las últimas noticias en la prensa digital... Más tarde siguió hablando con sus amigos por Messenger, comentando qué hacía por Twitter... y así se pasó toda una mañana, mientras el tiempo y la vida pasaban a su lado.
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