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La joven observaba la ciudad desde la cómoda oscuridad de su capucha. Gracias al bullicio nadie se fijaba en ella y podía pasearse tranquila mente por las calles sin levantar mayor sospecha. Saco la mano envuelta de los pliegues de la túnica y apretó la esfera de un extraño reloj, gradualmente fue apareciendo un numero en la superficie, guardo de nuevo sus manos, aun le quedaba al menos media hora para dirigirse al lugar en el cual debía encontrarse con su buen amigo Donne, de pronto algo llamo su atención, un hombre fustigaba con un látigo a unas mujeres, un tratante de esclavas. Sin pensar y rápidamente se encamino hacia el, si algo odiaba de ese mundo era la existencia de esclavos, la joven interpuso su brazo entre el látigo, haciendo que este se enrollara en el, y la esclava, y con una voz profunda y melodiosa dijo:
- ¿Le han hecho algo estas mujeres?
El hombre tiro inútilmente del látigo.
- Son nuttens- Replicó el tratante con vos rasposa.
- En todo caso,¿le han hecho algo para que las trate así? - Inquirió ella.
- Son nuttens, nacieron esclavas y ahora son mías sirven para eso, es su raza, ¿que mas razones quieres?
La joven se retiro un poco la capucha, lo suficiente para que se viera cual era su raza, pelo plateado, piel negra y tersa, ojos de un profundo color malva el hombre se callo de espaldas, estaba ante una elfa negra, la joven pronuncio fríamente:
- Unas que sirvan.
Desenvainar sus sables y degollarle fue todo uno, la elfa se dio la vuelta, todo el mundo la miraba quieta y asustado, de repente alguien grito:
- ¡Asesina inferior! ¡Asesina inferior!
Rápidamente unos guardias vestidos con cotas de malla relucientes aparecieron calle abajo, seria inútil correr, pero, sin saber por donde apareció un jinete con el brazo extendido hacia ella, esta lo cogió y monto al caballo. En cuanto estuvieron lejos de los perseguidores el salvador pregunto irónicamente:
- ¿No podemos estar en una ciudad sin que haya algún tipo de altercado, Deva?
La elfa sonrió y dijo:
- Gracias Donne.
Este sonrió, a veces a la elfa le entraban los remordimientos, Donne llevaba con ella desde los seis años, ahora ya tenia diecinueve, con el pelos rizado en melena sobre los ojos, piel blanca, alto y delgado, con ojos de avellana; para ella era como un hermano, pero no le gustaba la vida que le había dado, demasiadas guerras y huidas, aunque, egoístamente, se sentía verdaderamente feliz de que estuviera allí.
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