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La noche era fría y lluviosa. Loles miraba a través de la ventana que daba a la calle principal, pareciendo observar el tránsito acelerado de los peatones que intentaban guarecerse entre portales, tiendas y escaparates del aguacero. Un ir y venir de paraguas daban un toque especial a la calle. Colores que se unían a la luminosidad de las miles de bombillas que adornaban el cielo de la ciudad dando la bienvenida a la Navidad.
Ella misma había recorrido las calles días antes con la misma alegría que mostraban aquellos transeúntes, buscando el regalo perfecto con el que obsequiar a esas personas a las que tanto quería, sintiéndose parte del paisaje, respirando el olor a castañas asadas del puesto de la esquina...
Una lagrima rodó por su rostro inerte, a la vez que sus ojos se clavaban en el infinito, haciéndola mirar lo que nadie podía ver... sus recuerdos más dolorosos. Su mente la condujo de nuevo a unas semanas atrás, a la carretera, al interior de su coche entrando en aquel pueblecito de casas blancas...
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